Mi primo y el diccionario
El año 2001 terminé la Universidad. Ese mismo año, nació mi primito, que como bien calcularán tiene ya 8 años. Está en tercer grado y un día que tenía tarea de inglés, mi tío me pidió un diccionario para que se lo preste.
El diccionario inglés-español que tengo lo heredé de una amiga de mi tía, que era profesora de inglés y estaba por viajar de vuelta a su país. No era un diccionario nuevo, pero vaya que me sirve.
Bueno… a mi pequeño primo se le rompieron unas hojas del diccionario. Pero no escondió las hojas, ni lo que sucedió. Lo que hizo fue coger cinta adhesiva y pegar las hojas que se le habían roto, y mostrarle a su papá lo que había ocurrido.

¿Molestarme? No. Por el contrario, esto me llevó a pensar en cuando las cosas no nos funcionan, pero por lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer. Tenemos dos opciones (y sus variantes): nos lamentamos, echamos la culpa a los demás y no asumimos nuestra responsabilidad. O cogemos la cinta adhesiva y comenzamos por pegar las hojas -valga la comparación y la vena poética que de repente aflora- y seguimos escribiendo, leyendo y aprendiendo. El asunto es actuar.






